Encarcelada y luego deportada: El viaje de una latina por el sistema penitenciario

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Úrsula Gómez estuvo 20 años en la cárcel por un crimen que, según afirma, no cometió. Fue liberada en 2024 y automáticamente detenida por ICE. Luego fue deportada a México, país donde nació, pero de donde salió cuando solo era una niña para hacer una vida en Los Ángeles, California.

A sus 43 años tiene que empezar de nuevo en un lugar prácticamente desconocido.

Ursula: “En ese momento, pues sentí feísimo y me dije, f**k, esto no puede ser real, ¿qué pasa? Pero también no tuve mucho tiempo de tristeza y eso porque iba a Fresno State. Todavía tenía que terminar todo mi trabajo para el semestre antes de que me perjudicaran. El mundo no se detiene porque estoy en una crisis.” 

Úrsula me contó que todo pasó muy rápido. Entre la noticia de su liberación y su detención de ICE no tuvo mucho tiempo para procesar. El 31 de julio de 2024, los agentes de ICE la recogieron de Central California Women’s Facility, en Chowchilla, y ahí empezó su proceso de retorno.

Ursula (EN INGLÉS) : “Ha sido extremadamente difícil. Y así no puedo imaginar viajar por esto y tener que navegarlo solo.”

Ursula afirma que ha sido extremadamente difícil. Desde la cárcel, Úrsula seguía las noticias sobre la política migratoria. Sabía que al estar en el país desde hace décadas con un estatus de residencia temporal que no había podido renovar, la deportación era prácticamente inevitable una vez fuera de la cárcel. Un lugar que, además, la marcó por su inestabilidad y violencia.

Michelle: “Los counselors que según están ahí para nosotros, no están ahí para apoyarnos, ayudarnos o darles información.”

Michelle Pacheco es defensora de inmigración en la California Coalition for Women Prisoners, una organización que ofrece recursos y apoyo a las mujeres encarceladas o en custodia de ICE en el estado. Ella fue una de ellas por cuatro años, pero ahora viaja a diferentes prisiones y centros de detención brindando información. 

En Estados Unidos, aproximadamente 190 mil mujeres y niñas fueron encarceladas en 2024, de acuerdo al Prison Policy Initiative. Aproximadamente el 19% son latinas.

Según Michelle, el caso de las inmigrantes es particular porque enfrentan barrera tras barrera en las prisiones. A veces no hay ayuda para traducción a quienes no hablan inglés y existen denuncias de violencia como abuso sexual por parte de los guardias.

Michelle recuerda una rutina a la que eran sometidas cuando salían de las celdas a la corte. 

Michelle: “Ponían como 15 a 50 mujeres en un garaje que no está cerrado después de corte y te encuerabas y ahí te chequeaban. Los guardias pasaban, paraban, platicaban con alguien en el front desk y ahí te podían mirar encuerada después de estar en el corte todo el día. Era horrible.”

En medio de toda esta violencia, Michelle dice que las latinas crean una hermandad para apoyarse.

Michelle: “Al final del día no importa si una señora está allí por matar a su esposo y otra por gangas, las mujeres, especialmente los hispanos, se van a juntar y no van a dejar que se aprovechen, especialmente ahora. Ahora como van las cosas.” 

Cuando Michelle menciona “cómo van las cosas” se refiere al trato de la administración Trump para los inmigrantes. Y la historia de Úrsula es un ejemplo.

En la niñez de Úrsula hubo amor y apoyo. Pero sentía que no podía ser realmente ella. Había un aspecto de su identidad que le daba mucha vergüenza. 

Ursula: “Los hombres de la casa, mis tíos, mi papá, todos hablaban de las mujeres lesbianas como si fuera la peor cosa que podía alguien ser. Así que me puso en una situación muy difícil conmigo misma.” 

En su ensayo sobre las latinas en las prisiones estadounidenses, la investigadora Linny Kit Tong Ng explica que hay tres razones importantes por las que las mujeres terminan en prisión: el machismo, la falta de empleo y las experiencias violentas y traumáticas. En el caso de Úrsula el machismo fue lo que marcó una parte de su vida.

Ursula: “Mi papá, pues todo lo que él decía según eso es lo que es,  él era muy enojón, era violento con mi mamá,  era muy grosero conmigo y con mi hermana cuando se enojaba. Muy muy estricto en la casa.  

La relación con su papá era muy complicada. 

Ursula: “No era una niña mala y no entendía por qué mi papá pensaba mal de mi. Hasta mi mami me ayudaba a salir de la casa en la noche; ‘Va estar dormido, ¿A quién le importa?’ Pero eso causó problemas en su propia relación”. 

Por ejemplo, no la dejaba salir de la casa y era su mamá quién tenía que ingeniárselas para darle algo de libertad, lo que significaba más problemas. Entonces, mientras libraba una batalla interna, cuando Úrsula tenía 19 años conoció a Gary, un hombre 10 años mayor que ella que era pandillero.

Ursula: “I just saw that as an out. A lot of young girls are so flattered that an older man wants to be with you, like it’s something special. But we don’t even realize that it’s on some pedophile shit, it’s strange.”

Úrsula me contó que lo vio como una salida. Y es que muchas chicas creen que es cool cuando un hombre mayor quiere estar contigo, como si fuera algo especial, cuando en realidad, según su criterio, esto refleja más bien que algo con esos hombres no está bien. Y, en su experiencia, esa relación que al principio era muy linda y romántica cambió.

Ursula: “But then he ended up being completely the opposite and he was crazy and he was abusive. I couldn't even sleep without him hugging me and he would always have his hand in my hair, holding it so that he could feel when I got up at night.”

Luego de un tiempo, Gary se mostró como un tipo violento y abusivo. Incluso mientras dormían, sujetaba a Úrsula del pelo controlando cuando se levantaba por la noche. 

De acuerdo a Break the Cycle, una de cada 5 mujeres en Estados Unidos sufre violencia de pareja íntima, una forma de maltrato que implica abuso físico, emocional o mental por parte de una pareja. 

Y fue a través de Gary que, un día, poco después de conocerlo, se encontró en la situación que cambiaría su vida. Gary, un amigo de Gary, que también era pandillero, y Úrsula fueron a visitar a un amigo.

Cuando entraron, Gary sacó una pistola. Úrsula se dio cuenta de que, en realidad, el plan era robar esa casa. 

Mientras ella estaba en uno de los cuartos, Gary y el supuesto amigo empezaron a pelear. Después llegaron los disparos. Gary murió y el amigo sufrió heridas. 

Ursula: “Yo tenía conciencia de que no había hecho nada para dañar a la gente. Yo no fui ahí con la intención de hacer algo malo.”

Pero según la ley, Úrsula terminaría en la prisión. La Provocative Murder Theory Act, que estuvo vigente hasta 2019 en California, decía que alguien puede ser responsable de una muerte si estaba presente durante el ataque y sus acciones fueron lo suficientemente imprudentes, aunque ellas no hayan cometido el crimen directamente. En el caso de Úrsula, su novio, que provocó la situación, murió, entonces ella y el amigo herido asumieron el castigo en 2005.  

Cuando llegó a la prisión, Úrsula notó que la conducta de muchos guardias era en sí misma peligrosa. De hecho, usa el término muro verde para describir su comportamiento. 

Ursula: “Si hay abuso sexual, si hay abuso físico, si están entrando drogas, lo que sea. Entre ellos mismos, porque tienen una unión tan poderosa, se ayudan a esconder las cosas malas que hacen.” 

De acuerdo a un reporte del Bureau of Justice Statistics, las mujeres tienen tres veces más probabilidad  que los hombres de ser abusadas por personal de la prisión, incluyendo guardias. 

Pero muchas veces no se reporta el abuso porque hay un sentido de desconfianza hacia el sistema y piensan que su voz no será tomada en cuenta.

Ursula: “That guard's gonna tell another guard and they're just gonna torment you while you're there. And then they might tell another inmate and then they're gonna hurt you. And then the thing is, ‘Do I really wanna make my housing situation that uncomfortable?’”

En sus palabras, lo que sucede es que si te animas a denunciar ellos seguramente te van a maltratar mientras estés adentro. Es decir, hablar te puede generar más problemas y agresiones. 

A pesar de esta sensación de abandono, hubo un momento que cambió su percepción. En 2017, vio un documental sobre Eddy Zheng, un hombre que fue encarcelado en San Quentin por 21 años y también tenía un estatus migratorio complicado, como Úrsula que, recordemos, tenía un permiso temporal. Durante su tiempo dentro, Zheng conectó con iglesias para buscar apoyo.

Ursula: “And so I thought to myself, ‘I could totally do that.’ When I saw that documentary, it really was a life-changing moment. I started making different decisions and things that I did and people I hung out with. And I was like, I cannot be here and straddle the fence on anything I do and ask people to support me.”

En ese momento, Úrsula sintió que ella también podría intentarlo. Así que tomó decisiones y  se rodeó de otras personas que también le sumen para tejer redes de apoyo. 

Se conectó con organizaciones como la California Coalition for Women Prisoners y líderes comunitarios. Además, empezó a leer libros de autoayuda e ingresó a la Universidad Estatal de Fresno. En esas estaba, cuando llegó el anuncio de que iba ser trasladada a ICE. 

Ursula: “I found out where I was going prior to leaving because once you're out of CDCR and in ICE custody, it is extremely hard to find out where people go unless they already have an A number. And most people with an immigration hold do not.”

Ursula dice que descubrió a dónde lo iban a trasladar y empezó a prepararse; conectó con su red de apoyo y ellos le ayudaron donde podían con recaudación de fondos. También empezó a pelear su deportación, con el apoyo de su red y un abogado. 

En julio de 2024, le trasladaron de Chowchilla, California al Northwest Centro de Detención en Tacoma, Washington. 

El año pasado, ha habido reportes de maltrato en el centro: han servido a los encarcelados comida crudo, algunos han sido abusados sexualmente y por años, líderes comunitarios y abogados han dicho que el centro es un lugar de violencia intensa. 

Durante su tiempo ahí, Úrsula me contó que el abuso dentro fue tanto que ya no lo podía superar. Aceptó la posibilidad de su deportación a México. 

Úrsula: Aunque soy nacida en México, me trajeron tan chiquita que no estoy acostumbrada a la cultura o las cosas. Teniendo un upbringing en los Estados Unidos en ese tipo de cultura que es muy diferente.

Pasó unos días en un refugio, hablando con doctores, psiquiatras, terapeutas. Ahí le dieron dos mil pesos, poco más de cien dólares, en una tarjeta. Y después de algunos días, por las reglas del refugio, tuvo que irse. 

Ursula: “Hay gente que se ha ido y que nunca los han encontrado de vuelta. Desaparecen a la gente que viene llegando deportada de los Estados Unidos.”

Ella se instaló en Playa del Carmen, donde vive una de sus amigas. A veces, trabaja virtualmente para organizaciones comunitarias en los Estados Unidos por Zoom. Ajustarse a su nueva vida ha sido difícil. Cosas tan básicas como recibir su documento de identidad mexicano y encontrar trabajo fijo han sido retos, pues se siente sola en un país extraño. Ahora planea mudarse a Tijuana, a la frontera. 

Ursula: “Para estar más cerca de la línea, de mi grupo de apoyo, de la gente que me puede venir a visitar.”

En los últimos momentos de nuestra entrevista, Úrsula me contó que tiene un plan para su futuro. 

Ursula: “I really want to work towards a space that helps, not like the refugio which was a government thing, but a space that helps people reenter into their community and adapt without having to do it alone because it's not easy.”

Me cuenta que quiere empezar una organización que ayuda a los deportados a integrarse a la vida en México, algo que ella ha vivido.

Este reportaje lo produje yo, Sophia Rerucha, con el apoyo editorial de Desirée Yépez, gracias a una beca del USC Annenberg Center for Health Journalism.