Mujeres Que Resisten en Colectivo
Lisde Lara poses for a photo in Salinas. For Latina immigrants in the Salinas Valley, Mujeres en Acción is community, therapy, and hope.
Sophia Rerucha
Cada una vive una realidad distinta. Hay quienes se sientan en el sofá y se conectan después de una larga jornada de trabajo… Otras atienden la llamada desde el celular mientras resuelven asuntos de la casa.
Cuando ya están todas listas, Maricela Acevedo inicia la reunión.
“Imaginémonos que estamos todas aquí presentes en un círculo. Todas estamos dentro, no hay nadie en fuera y queremos unidad, es tu grupo.”
Son Mujeres en Acción, un grupo que trabaja temas de liderazgo y autonomía económica en los condados de Monterey y Santa Cruz, en el norte de California. En Monterey, el 60% de los residentes son latinos.
Maricela ha dirigido esta reunión durante seis años — construyendo comunidad, abriendo un espacio para compartir sus preocupaciones y estableciendo metas — y, recientemente, se ha vuelto más importante debido a la realidad política y social que está en constante cambio.
Por ejemplo, en esta reunión reflexionan sobre el impacto de la economía en sus vidas diarias. Hablan del costo del petróleo, del mandado, de la renta …
“En el grupo damos la oportunidad compartir lo que tú sientes y ese espacio de que todas estamos bien.”
Carla Contreras es una de las que ha encontrado en este grupo una red de apoyo transformadora.
Hace unos años, Carla, de 34 años y originaria de México, empezó a sentir palpitaciones en el corazón. Pensaba que estaba enferma porque a veces tenía fiebre, dolor de cabeza… Había días en los que sentía que se moría. Pero cuando iba al doctor, le decían que no pasaba nada. Hasta le dieron unas pastillas que no la ayudaron.
Estaba tan preocupada que, en 2017, viajó a su país para hacerse exámenes. Ahí le dijeron que mejore su alimentación comiendo más verdura. Carla no sabía qué le estaba sucediendo. Pero ahora, …
“Creo que fue mucho estrés. Estaba embarazada cuando estaba en la universidad, entonces creo que guardé todo eso y pues nunca lo compartía.”
En esa época, Carla estudiaba matemáticas y esperaba su primer hijo. Hoy, reconoce que lo que la hacía sentir enferma eran ataques de pánico.
De acuerdo con Minority Health, un programa del Departamento de Salud Pública del gobierno federal de Estados Unidos, los adultos latinos tienen un 12% menos de probabilidades que otros de reportar una enfermedad mental.
Carla Contreras poses for a photo in a park in Salinas. Her earrings read "Mujeres Poderosas," Powerful Women.
Sophia Rerucha
Y aun cuando reportan problemas de salud mental, buscar ayuda sigue siendo una barrera constante para los latinos.
Un estudio publicado este año con más de 4.400 adultos latinos encontró que, entre quienes reportaron diagnóstico de depresión o ansiedad, menos del 10% recibió atención de una psicóloga.
“Yo todo me lo guardaba y creo que llegó un punto de mi vida que estallé y fue donde me dio pues, depresión, ansiedad.”
Durante dos años, Carla se quedó en casa para cuidarse y rehabilitarse. Pero, en 2022, se enteró de Mujeres en Acción.
El grupo fue fundado en 2015 con la meta de crear un espacio específicamente para mujeres latinas e hispanohablantes, donde puedan reflexionar sobre lo que les afecta día a día, como los precios de la renta, autoestima, trauma y maternidad. Y hacen esto con juntas semanales. El propósito es que las participantes compartan sus emociones y se sientan empoderadas. Al hacerlo, varias de ellas, que en un momento pensaron que sus experiencias eran únicas, se dieron cuenta de que formaban parte de una comunidad y que existían lazos de amistad.
Parte del proceso es que cada una haga una lista de metas que quiere cumplir como parte de Mujeres en Acción. Esto les ayuda a desarrollar su liderazgo y autosuficiencia. Varias de las mujeres que entrevisté me dijeron que, antes de estar en el grupo, no sabían qué eran los objetivos ni cómo lograrlos, como explica Maricela.
“No sabemos qué es un éxito, qué es un logro, porque estamos en nuestra vida rutinaria.”
Pero en cada reunión semanal, las mujeres reportan avances.
“Comenzamos a darnos cuenta que a veces el que no logremos las cosas es por falta de que uno no le inviertes un poquito del tiempo.”
Algunas quieren obtener su licencia de conducir, manejar en las autopistas, aprender inglés o emprender su negocio. Cuando Carla se animó a participar, encontró un espacio para reflexionar sobre la soledad que ahora sabe que sentía durante su maternidad y para mejorar su autoestima.
“Para mí, es como mi psicólogo semanalmente.”
Una de las reglas es que lo que se habla en una junta, se queda en la junta. Esto genera un espacio seguro.
“Cada una estamos en diferentes distancias de la vida. Por ejemplo, sacar una licencia de conducir tiene el mismo valor que la meta que yo tengo, porque para ustedes eso es lo que importa.”
Ella es Mónica Sánchez. Su meta era estudiar administración de empresas. Su sueño era mejorar su situación financiera y se atrevió a hacerlo tras una de las reuniones virtuales en la que Maricela le preguntó por su objetivo.
Ahora...
“Por medio de este master's degree, me acaban de contratar y voy a empezar a trabajar para el condado de dónde vivimos. Entonces, ahora va a ser un cambio completamente en mi vida.”
El grupo ha sido clave para fortalecer su autoestima y confianza.
“A través de mis compañeras, hubo esa motivación de ‘Vamos a hacerlo’.”
Para Lisde Lara, otra integrante del grupo, cuando cumplen las metas, superan sus límites. Ella llegó desde Veracruz, en México, y ha vivido en Salinas durante dos décadas. Ahí crió a sus hijos que ya tienen 20 y 12 años.
“Todo mi mundo giraba alrededor de ellos. Sentía que no me perdonaba si los dejaba yo por ir a alguna cosa que era sobre mí.”
Era feliz en su rol de madre, pero ahora quiere descubrirse a sí misma en otra etapa.
“Sabía que iba a llegar el momento en que iba a tener el tiempo para mí, entonces ahorita pienso que es el tiempo”.
En las reuniones, uno de los temas más importantes es la maternidad. En uno de sus encuentros, Lisde se atrevió a compartir un trauma que la ha acompañado durante mucho tiempo.
“Hace 20 años tuve una pérdida. Yo tuve por 9 meses un bebé y lo perdí al nacer.”
Compartirlo con otras mujeres sirvió para procesar un dolor del que no había podido hablar.
“He tenido pláticas así con mamás que han tenido esas pérdidas. A mí me ayudó a contarlo, me ayudó a aliviar o sanar un poquito mi corazón y poder expresar lo que estaba dentro.”
La psicóloga Alinne Barrera, de la Universidad de Palo Alto, en el área de la bahía, se especializa en el uso de la tecnología para difundir recursos de salud mental para las madres.
“Un grupo de otras mujeres trae todas esas experiencias, perspectivas, consejos. Y bueno, eso todo ayuda a cada una a continuar a desarrollarse como una persona y como un contribuidor a su comunidad, a su cultura, su familia o a su vida propia.”
Todas las mujeres del grupo coinciden en que ahí tienen la oportunidad de identificar sus preocupaciones y ser escuchadas, algo que normalmente no pasa. Y no es una cuestión aislada.
La Dra. Alinne señala que existe estigma en torno a la salud mental en las comunidades latinas, donde se considera débil a quien presenta problemas de salud mental. Entonces se convierte en algo de lo que no se habla, que se ignora. Al ser madre, se añade una capa extra al prejuicio.
“El rol de una mujer en la comunidad latina está muy centrado en ser mamá y ser proveedora de la familia.”
Eso genera la expectativa de que una mujer debe hacer todo por sus hijos. Por eso, en Mujeres en Acción se abren a la posibilidad de reconectar con sus pasiones y sueños. Como lo describe Maricela.
“A veces, nosotros como mujeres, sin darnos cuenta, el sueño queda a un lado. Yo siempre soñé con ser cosmetóloga. Se me hace muy bonito eso de pintar el cabello, pero pues me casé, tuve mis hijos.”
Y esto se escucha con frecuencia entre las mujeres del grupo.
“Para eso es Mujeres en Acción. Ese enfoque de decir a ver, ¿qué vamos a hacer? Poco a poquito porque tenemos muchas actividades que hacer en la casa, pero sí podemos hacer estos cambios para nosotros y realmente cambia nuestra vida y cambia también nuestras familias.”
Poder habitar un espacio en el que es posible crear comunidad y sentirse escuchada no es cualquier cosa. En realidad puede hacer una diferencia.
“Para mí cuenta, en casa a veces no hay quien te va preguntar ‘¿Cómo te sientes hoy?’, ‘¿Cómo amaneciste hoy?. Eso es lo que ayuda a uno mentalmente: que otras personas se interesen en cómo te sientes, en que te estén preguntando y que te estén apoyando de verdad.”
La virtualidad, en sí, es una ventaja. Participar de forma remota les funciona, pues viven en ciudades distintas del condado de Monterey.
Por ejemplo, a Mónica, que vive en Greenfield, le tomaría cerca de 45 minutos viajar hasta Salinas y no alcanzaría a llegar. Aunque reconoce que lo presencial tiene sus ventajas.
“Cuando uno está como en persona hay como una conexión más directa porque también pasa muchas veces que estamos en la reunión y tenemos la camarita apagada entonces uno no sabe si realmente estamos o no estamos.”
La psicóloga valida los sentimientos de Mónica.
“La dinámica que se cree cuando están en personas y eso uno no lo puede recrear en línea. Lo sientes y eso es lo que se queda con muchas personas después de unirse con otra persona. Pero es algo que facilita que uno pueda conectarse y puedan compartir la experiencia.”
Pero más allá de los detalles logísticos, para ellas lo poderoso del grupo es hablar y compartir sus emociones, dudas y sentimientos con otras que, sin saberlo, quizá están viviendo lo mismo, como explica la Dra. Alinne.
“Muchas veces sentimos solos, que somos los únicos que estamos pasando por algo y lo mencionamos y de repente tal y tal y, ‘Si yo también tuve experiencia. A mí eso me ha pasado. Yo vi que mi hermana tuvo eso. Mi papá también habló’. Vamos a ver que las experiencias que tenemos son más comunes de lo que habíamos pensado, porque nunca las habíamos hablado con otra persona.”
Para Maricela, quien fue parte de los grupos y ahora los coordina, este espacio le ha cambiado la vida.
“Yo he sido una persona muy tímida, muy insegura, con una baja autoestima. El grupo me ha ayudado. Me he sentido escuchada, encontrado una familia.”