¿Qué Pasa Tras Sobrevivir a las Balas de ICE?
Sobrevivió a las balas de ICE, pero el trauma apenas empieza: política migratoria, latinos y una crisis de salud pública.
Carlos Iván Mendoza Hernández
Courtesy of the Hernández family
En la mañana del 7 de abril, Carlos Iván Mendoza Hernández iba a su trabajo cuando agentes de ICE lo pararon. La situación se tornó violenta y los agentes le dispararon siete veces. El salvadoreño de 36 años ha vivido en Estados Unidos desde 2020; es padre de una niña de 2 años y su pareja, Cindy Ramírez, es ciudadana estadounidense.
Cindy: “Ese día él se levantó, se fue. Yo también me levanté, tenía que alistarme para el trabajo. Pero antes de irme al trabajo, tenía que pasar a dejar a mi niña en la guardería. Era un día regular."
Su vida —hasta entonces común y corriente— se transformó en una pesadilla. La historia de Carlos y Cindy es una más entre las miles de familias viviendo con miedo por la posibilidad de la separación.
Estos temores pueden generar daño emocional. Las niñas y niños en las familias de estatus mixto suelen presentar ansiedad crónica ante la probabilidad de que un ser querido sea detenido o deportado.
El martes temprano por la mañana, los agentes de ICE encontraron a Carlos cerca de la Interestatal 5, en el valle central de California, y activaron sus luces de emergencia. Carlos detuvo el auto y se parqueó a la derecha de la vía.
Los agentes federales de inmigración realizaban un operativo en Patterson, una ciudad conocida como la capital mundial del albaricoque. Su objetivo era Carlos. Querían detenerlo acusándolo de ser parte de la pandilla de la Mara Barrio 18, vinculado a un asesinato en El Salvador. La familia de Carlos y su abogado aún no han podido determinar por qué lo acusaron de esto.
Cuando los hombres se identificaron como agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés), Carlos se identificó, pero se negó a salir del carro, de acuerdo al reporte oficial. Luego, según ese documento, él intentó huir, “chocó violentamente” con el carro de un agente de ICE, y un oficial “se saltó del camino para evitar ser golpeado”. Carlos luego dio una vuelta, tratando de escapar.
El video del incidente no tiene sonido, pero las imágenes muestran a un agente sacando una pistola. Carlos fue baleado siete veces, con tiros en la cara, boca y brazo.
Cindy: “Era como la una del día donde recibí una llamada de mi hermana diciéndome que alguien le había llamado y le había dicho que Carlos había tenido un accidente, que había sido detenido por ICE, que le habían disparado y que necesitaban comunicarse conmigo.”
Ese alguien era un reportero.
Cindy: “Yo sinceramente nunca me di cuenta que ya estaba en Facebook, estaba en todas las redes sociales. Ningún oficial del sheriff aquí en Patterson, ni el mayor se comunicó conmigo, ni un policía del Stanislaus County se comunicó conmigo, nadie se comunicó ni los del FBI. Yo fui la que llamé directamente a la oficina del sheriff aquí en Patterson.”
Originalmente, de acuerdo con las autoridades, buscaban a Carlos porque era pandillero, una denuncia de la que no existe evidencia, cómo su defensa ha insistido.
En los últimos cuatro meses, las vidas de Carlos y su familia están atrapadas entre abogados, papeleo y una recuperación lenta tras los balazos.
Hoy, está detenido en California City, acusado de agredir a oficiales federales y destruir propiedad del gobierno. En cuanto a su caso de migración, ya no lo vinculan con las maras salvadoreñas por falta de evidencia, sino que su ‘delito’ es no tener papeles para estar en Estados Unidos.
Carlos and Cindy sit with their two-year-old daughter on their lap. Cindy says that in the wake of Carlos' detention, their daughter has started displaying aggressive behaviors she never showed before.
Courtesy of Cindy
Mientras tanto, su pareja, Cindy, asume todas las responsabilidades de la casa. Ella se convirtió en la única proveedora de la familia. Esto es cada vez más común entre las mujeres afectadas por la política de deportaciones masivas, ya que la mayoría de arrestos y deportaciones son de hombres. Cindy trabaja seis días a la semana como directora regional de una cadena de comida. Ha tenido que ajustar su horario para, al menos una vez por semana, manejar cuatro horas de ida y cuatro horas de regreso para visitar a Carlos durante una hora. Depende de su mamá y sus hermanas para cuidar a su hija que, aunque no habla, ya presenta síntomas de un trauma.
Cindy: “Hago lo posible por mantenerme fuerte y seguir adelante. Pero sí es lo que he sentido un poco más de cansancio físicamente, mentalmente.”
El caso de los Hernández no es aislado. Desde el inicio de su segundo mandato, el presidente Donald Trump ha prometido deportar y detener a tantas personas como pueda, con un objetivo promedio de 3,000 por día y al menos un millón anualmente. Durante el primer año, el número de detenciones por las autoridades migratorias pasó de 40.000 a 73.000, un crecimiento de 75%, de acuerdo con el American Immigration Council.
Los números se traducen en un estado de terror entre las comunidades inmigrantes. Una encuesta de la Kaiser Family Foundation muestra que 4 de cada 10 inmigrantes se preocupan por un familiar.
Wendy: “Hablamos de las políticas migratorias y las redadas como un tema político, pero los niños y sus familias la viven en su día a día con miedo constante.
Ella es Wendy Cervantes, directora de inmigración y familias inmigrantes del Centro de Derecho y Política Social, una organización nacional que aboga por las personas de bajos recursos.
Wendy: Los efectos de las políticas de migración también son un tema de bienestar infantil y de la salud pública. Y cuando la comunidad ya no se siente segura y las familias empiezan a abandonar sus rutinas y retirarse de la vida normal, eso sí es una crisis de salud pública.”
El centro publicó un estudio que detalla el impacto de las redadas en las infancias y en programas infantiles. Y concluye que el trauma que niñas y niños están enfrentando afecta su desarrollo a largo plazo.
Wendy: “He hablado con niños durante los últimos años que han perdido un padre a detención o deportación y me han dicho, ‘Todavía sigo cada día con esa preocupación de que no sé qué va a pasar con mi papá, no sé si lo voy a ver de nuevo, si él está bien’ o si ella está bien, si es una mamá. Y viven cada día con esa duda y esa preocupación.”
Según un reporte, la separación forzosa se reconoce como una experiencia adversa en la infancia (ACE, por sus siglas en inglés) y “la pérdida abrupta de un cuidador ha sido relacionada a la perturbación de sueño y apetito, desregulación emocional y regresión del desarrollo”.
Este 2026, la hija de Cindy y Carlos cumplió 2 años. Su mamá la describe como una niña contenta e independiente que, hasta hace un tiempo, podía quedarse calladita en la sala o en el cuarto solita. La relación con su papá era especial.
Cindy: “En el momento que él llegaba a la casa, por las tardes después de trabajar, ella sabía que ya había llegado porque le abría la puerta y le silbaba y ella salía corriendo a abrazarlo y desde el momento que llegaba ya no se le despegaba. Al no estar él, ese comportamiento ha cambiado porque se ha vuelto como que tiene miedo que la abandonen.”
El Dr. William López es profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan y estudia los impactos de la deportación en las familias y comunidades latinas.
Dr. López: “Vivir con esta incertidumbre aumenta la posibilidad de ansiedad, depresión y TEPT. (PTSD)
TEPT son las siglas del trastorno de estrés postraumático.
Dr. López: Porque no sabemos exactamente lo que va a pasar a padres, nuestros primos, nuestras madres."
El día en que balearon a Carlos y ya no volvió a casa, su niña no quería dormir.
Cindy: “Nuestro cuarto está en la segunda planta de la casa, fue a la puerta y lloraba en frente de la puerta.”
Cindy dice que el comportamiento de su niña ha cambiado mucho.
Cindy: “Se me ha enfermado, dejó de comer también. Era de las que ella agarraba algo y lo disfrutaba. Y ahora no, ahora lo tira o no lo quiere. Se molesta, hace su berrinche.”
A esto se suma su humor. Cindy me contó que a veces la siente enojada, frustrada y que empezó a tener comportamientos violentos que antes no tenía, como golpear y dar manotazos. Y dejarla en la guardería dejó de ser una tarea fácil.
Cindy: “Cada día que la llevo hay una pelea constante porque no se quiere quedar. Se me agarra, se me abraza. La señora me la tiene que distraer con juguetes o actividades para que ella se sienta segura de quedarse ahí.”
Wendy, del Centro de Derecho y Política Social, asegura que aunque sean chiquitas, las niñas y niños sienten la pérdida de un papá.
Wendy: “Es cuando ves cosas como los niños que no se quieren separar de sus papás cuando los papás lo dejan en la escuela. Niños que no se pueden dormir, que están llorando constantemente, que ya no comen. Eso son las maneras de que los niños más pequeños demuestran su ansiedad.”
Cuando Cindy llevó a la niña a su chequeo médico, la pediatra la refirió a una especialista para ayudarla.
Cindy says the changes in her daughter have been drastic. "From her perspective, her dad abandoned her—that's what the doctor explained to me."
Cindy: “Esos cambios en la relación es muy drástico para ella. Ella en su forma de ver, su papá la abandonó, fue lo que me explicó la doctora. Pero a veces siente también ese rechazo cuando él habla."
Desde que lo hirieron y se lo llevaron preso, el contacto entre Carlos y su hija es, sobre todo, por videollamada. Cindy trata de que hablen todos los días. Pero no siempre es fácil. La niña no está acostumbrada a esa dinámica.
Cindy: Hay días que lo quiere ver, hay días que no lo quiere ver. También para él, todos los días me habla y me pregunta por ella, la quiere ver en la cámara. Dice ‘es la única forma que tengo de seguir conectándome para que no me olvide’.”
La historia de Cindy y Carlos sirve de ejemplo de todo lo que se conecta cuando hablamos de salud mental y política migratoria. Está, por un lado, lo que sucede puertas adentro, en la intimidad y el dolor de la familia. Pero luego está lo que sucede afuera, con la comunidad.
Después del 7 de abril, para Cindy, continuar con la vida y, de cierto modo, reconstruir lo que ha sido devastado ha representado un reto tras otro. Por ejemplo, algo tan simple como ir a la tienda de su barrio significaba angustia, porque la reacción de sus vecinos en Patterson ante las narrativas en contra de Carlos fue brutal.
Cindy: “Las primeras reacciones de la gente con todos esos labels que le pusieron eran de odio, eran de desearle la muerte, era de desearnos a nosotros lo peor. Gente de aquí del pueblo donde vivimos, era básicamente todo en contra de nosotros.”
Recordemos que a Carlos lo acusaron, sin evidencia, de estar vinculado a grupos extremadamente violentos. Ante eso, el Dr. López explica cómo esta ruptura con los círculos sociales perjudica la salud de una persona.
Dr. López: “No puede mantener su salud si no puede salir de tu casa, si no puedes estar con tu comunidad, en tu iglesia, con tu familia. Lo que pase después de una redada es una gran desconfianza en el gobierno, en sus vecinos y en su manera de vivir, en la manera de vivir que tenía antes del evento.”
Cindy sabe de lo que habla el Dr. López.
Cindy: “Sí me he sentido así, más como con ansiedad. Ansiedad de querer estar viendo las redes sociales, de tratar de buscar más información, ansiedad de tratar de educarme en cuestión de lo que son leyes.”
La falta de información o las mentiras sobre el caso le generan ansiedad. En una de sus llamadas, Carlos dijo que lo iban a trasladar a otro estado. Esa noche Cindy no durmió.
Cindy: “Estábamos aterrorizados de que se lo pudieran haber sacado. Y el problema es que como no dan nada de información o de la detención a nosotros, yo le hablé directamente al abogado, digo, esto está pasando. ¿Puedes investigar? Dice, ni siquiera a mí me quieren dar información.”
Además, como Carlos fue baleado, necesitaba atención médica, algo que no estaba garantizado en el centro de detención.
Cindy: “Ellos sabían que Carlos había pasado por cuatro cirugías anteriormente a llegar a la detención. Ellos sabían que tenía Carlos todavía en sus brazos las puntadas que tenían que ser removidas después de ciertas semanas. Eso la removieron casi un mes después y todo fue porque estuvimos empujando. So es un constante estrés para nosotros, no saber cómo está él, dónde está él, más que nada por la situación que él pasó.”
Mientras tanto, la familia Hernández está a la espera de la audiencia que se desarrollará el próximo 19 de octubre, más de seis meses después del enfrentamiento de abril. Este 4 de agosto, una hermana de Cindy me contó que una de las heridas en la espalda de Carlos se infectó por falta de cuidado en el centro. Cindy asiste a terapia y, mientras llega el día, tiene sobre sus hombros el seguir motivando al padre de su hija.
Cindy: “Ahorita me siento como atada de manos. Siento como que se están cerrando puertas. Voy a tener que cada día estar motivándolo porque hay días que está totalmente de, ‘ya no puedo más, ya no puedo más’.”
Este reportaje lo produje yo, Sophia Rerucha, con el apoyo editorial de Desirée Yépez, gracias a una beca del USC Annenberg Center for Health Journalism.